EL BAJO ASTRAL DE ERKS
Erks, una ciudad mítica ubicada según los creyentes en las cercanías del cerro Uritorco en la Argentina, ha captado la atención de numerosos grupos esotéricos y espiritualistas desde hace décadas. Representada como un portal interdimensional o ciudad etérica habitada por seres avanzados, Erks ha sido objeto de interpretación por autores como Fabio Zerpa, quien promovió la idea de contactos extraterrestres y dimensiones paralelas. Sin embargo, un análisis crítico de esta creencia sugiere que Erks podría representar un fenómeno relacionado más con energías negativas y dinámicas de manipulación emocional que con auténtica espiritualidad.
Desde la perspectiva de tradiciones esotéricas y ocultistas, se ha advertido sobre los peligros de las entidades del bajo astra". Según Dion Fortune en “Autodefensa psíquica”, estas entidades se alimentan de la energía emocional y espiritual de los humanos, particularmente de aquellos que buscan guía espiritual sin discernimiento. En el caso de Erks, el énfasis en prácticas grupales intensamente emotivas, como meditaciones masivas o canalizaciones, podría generar un campo de energía propicio para tales entidades. Los adeptos experimentan sensaciones de éxtasis o revelación que, más que avances espirituales, podrían ser formas de drenaje energético disfrazadas de experiencias trascendentales.
En torno a Erks, surgen figuras que se presentan como intermediarios entre los adeptos y los supuestos seres de luz. Aunque no siempre demandan retribuciones económicas, lo que puede darles un aire de autenticidad, esta relación genera una dependencia emocional profunda. Erich Fromm, en “El miedo a la libertad”, advierte sobre cómo el ser humano tiende a proyectar su autonomía en figuras autoritarias para evitar la incertidumbre. Estos “guías”, al asumir el rol de maestros espirituales, construyen dinámicas que no buscan la emancipación espiritual del adepto, sino su adhesión. En muchos casos, esta dependencia emocional se traduce en la entrega incondicional al guía, erosionando la capacidad crítica de los creyentes.
Lo más preocupante de estas estructuras de creencia es que no dependen de transacciones materiales, lo que las hace más difíciles de identificar como dinámicas de abuso. Al no haber intercambio monetario directo, los adeptos tienden a percibir la relación como altruista. Sin embargo, como señala Carl Jung en “Psicología y alquimia”, la manipulación espiritual puede ser aún más peligrosa cuando opera en el nivel inconsciente, generando adicción a experiencias “místicas” que son, en realidad, una forma de control psicológico.
Erks, lejos de ser un portal de luz o un refugio de sabiduría y amor, parece funcionar como una construcción simbólica arquetipal, utilizada para canalizar dinámicas de dependencia emocional y energética. La falta de pruebas tangibles, el lenguaje ambiguo de sus promotores y las consecuencias psicológicas en los adeptos sugieren que este fenómeno debe abordarse con escepticismo y cautela. La verdadera espiritualidad busca la emancipación del individuo, no su sumisión a figuras carismáticas ni su inmersión en experiencias que drenan su energía y discernimiento.
Las entidades de Erks vienen del bajo astral y con eso está todo dicho.
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